Rapsodia a los cachorros
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©Puchades Ferrer José
Autor: Puchades Ferrer José
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Este ejemplar ha sido compuesto en Junio del año 2022, en su totalidad de texto, por José Puchades Ferrer, y es el propietario de todos sus derechos de autor que le pudieran corresponder.
ADAGIO MA NON TROPO: “Them… and they”
I.- NEBLINA
II.- LA CASA.
III.- LOS COMPLICES.
IV.- AHÍ AFUERA.
V.- LA FABRICA.
VI.- LA NATIVIDAD.
VII.- EL MIEDO.
VIII.- SOLTAR AMARRAS.
IX.- DISCULPAS.
X.- PARAISO.
XI.- LIBROS Y VIOLINES.
XII.- PRIMER PASO.
XIII.- HIJOS A LA MAR.
ALLEGRO VIVACE: “Us… only us”
XIV.- DE AHÍ ADENTRO VENGO.
XV.- LA LOCURA.
XVI.- “ETERNITY”
XVII.- ZOO LOCO.
XVIII.- LA MADRE.
XIX.- AMOR “PLATANICO”.
XX.- ¡TENER O NO TENER!
XXI.- AQUELLA NEVADA EN NAVIDAD.
SCHERZO o MINUÉ: “Landscapes and days”
XXII.- UN PAISAJE.
XXIII.- 18 DE DICIEMBRE 2.022 en QATAR.
XXIV.- EL CUCHILLO.
XXV.- CARNAVAL.
XXVI.- MININOS.
XXVII.- MAPA DE LA ISLA.
XXIII.- DESDE DEL NIDO.
MINUETO e FINALE: “To all or nothing”
XXIX.- LIBELULAS AZULES.
XXX.- LA COSTURERA.
XXXI.- EL ALFARERO.
XXXII.- NACIMIENTO.
PROLOGO
SHE’S LEAVING HOME *
Nunca había tenido el placer y el orgullo de que me solicitaran realizar el prólogo de un libro y mucho menos de un poemario como este.
Comenzaría diciendo que cuando se lee, si uno tiene la precaución, o mejor dicho, la predisposición suficiente puede verse reflejado en él, porque trata de la vida y del mundo en el cual ésta se lleva a cabo.
Tiene nuestro poeta una visión general de la vida y lo vivido, que hace que al lector le aparezca en cada página parte de la suya propia, mediante el afloramiento de sus propios recuerdos y vivencias; le hace “repasarse” a sí mismo.
Se va del principio al principio, es decir, es como si en vez de aplicar una linealidad estructurada según la flecha del tiempo, se cerrase el círculo vital yendo del origen al propio origen reflexivo, inmaterial y etéreo que conforma nuestra vida: la vida vivida.
Como se dice en alguna mención brillante, aquí más que llegar a la conclusión de que se baja el telón y se acaba la obra -que no ha tenido ensayos previos ni aplausos-, lo que acaba viéndose al final es la evolución anímica de los seres y de las cosas y sobre todo la interrelación entre ambas. Es como una revisión filosófica de la vida en forma de poema.
Todo esto se consigue a través de un traspaso de vivencias, sensaciones, sentimientos renacidos y a veces reencontrados, que el autor nos procura en este viaje cachorril.
Cuando me veo a mí mismo en la foto de la portada, todo orejas y con algo que parece un rifle o un arcabuz, en medio de mis dos primos, pequeño, como arropado por ellos, siento qué desde entonces hasta ahora, las gotas de carne y espíritu que componen el agua fundamental de estos versos me hacen pensar y recapacitar sobre los temas que abarcan, para re-vivirlos de otra forma a como tal vez fueron realmente vividos, pero vistos a través de un tamiz reflexivo y tenuemente luminoso.
Los poemas de esta rapsodia, transmiten una especie de cambio de paradigma sobre el miedo y el temor.
* Lennon/McCartney. From “Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band” 1967
El miedo atávico al hambre, al frío, a la falta de cobijo, al poderoso… ha sido superado en gran medida, aunque para muchos, por desgracia, sigue vigente todavía.
Nosotros podemos disfrutar de la comodidad, que tal como el poeta indica, es uno de los elementos que nos distingue del mundo antiguo, fruto del sacrificio y el esfuerzo de nuestros predecesores y el propio, gracias a los inventos, descubrimientos, y avances técnicos y como medio para llegar a los demás, a través de la tecnología, la industria, los negocios y las comunicaciones.
Pero a pesar de esto, nuestros padres pasaron del temor personal al filial, poniendo de manifiesto la constancia del temor como característica de la vida, tanto por lo ya pasado por ellos, como por lo actual y por lo que pueda deparar el futuro en relación a sus hijos.
Puede cambiar el objeto, pero el sujeto lo siente igualmente: teme por él mismo y/o por sus descendientes especialmente cuando éstos se van, siendo esto último el eje central del poemario.
Gracias al uso de la metáfora adecuada en el momento expresivo apropiado, el poeta consigue canalizar la tensión de cada estrofa con claridad, sutileza y profundidad, orientándonos sobre lo que desea expresar.
Así pues, les dejo disfrutar de este poemario realista y ocurrente, de nuestro apreciado Puchades Ferrer, con ese toque especial y esa pizca de sal andaluza que nos hace ver cosas que estaban ahí, pero que no habíamos visto aún.
Eduardo Bosch
Valencia 21 Noviembre 2.025
“La única patria feliz,
sin territorio,
es la conformada por los niños”
Rainer Maria Rilke.
Introducción:
Los cachorros, son todos los pequeños seres vivos y humanos que nos rodean, además de nosotros mismos en la única biosfera, donde nos reconocemos, desde el preciso instante que nos queda algo, todavía, por descubrir, por sorprendernos, por asustarnos o emocionarnos.
Existe una traslación sideral en el tiempo que trasforma naturalmente por ósmosis, entre las generaciones, lo superfluo del detalle, el colorido inexacto de la superficie, la evolución automática de sustituir criterios que simulaban validez por otros más actuales, aunque sean en sí, tan solo modas pasajeras.
Al mismo tiempo, convivimos con un sentido inalterable, perenne a través de los siglos; eso que tan bien describieron los Homero, Cervantes, Shakespeare, Lorca y tantos otros en su momento, que es la esencia pura del alma humana, con su extensa diversidad de matices, variedad de razones perpetuas o cambiantes al interés, sentimientos eternos o fugaces, grandezas, bondades, miserias, maldades.
Nos debemos a las enseñanzas, las costumbres, las influencias, los caracteres y las posibilidades que recibimos desde nuestra tierna infancia inconsciente, nuestra arrogante juventud altiva de curiosidad y a lo largo de nuestra vida como las acrecentamos, las trasmitimos, las seleccionamos, las desechamos o las destruimos en parte o su totalidad en nombre de su vigencia o su caducidad en la perspectiva individual.
Somos, al fin y al cabo, testigos, minúsculos seres activos, a la vez que víctimas y ejemplo puntual del tiempo que nos tocó existir con toda su variedad de probabilidades. Algunos más obedientes, más sumisos, más pasivos aceptando su entorno circunstancial, otros más díscolos, más innovadores en sus escenarios de actividad rebelde frente al pasado, el presente y con una aspiración de progreso irrenunciable.
Nada ha mejorado sin estos últimos, los que han estado dispuestos a hacer cambios a costa de su sufrimiento esforzado en ámbitos personales a partir de una convicción o una creencia; todos los avances, en cualquier disciplina, las ciencias, las artes, los deportes, los derechos sociales y hasta los humanos, las libertades se han creado a partir de renuncias y sacrificios durante largo tiempo hasta nuestros días.
En una selección de personal para el trabajo en una empresa, se realizaban diferentes test grupales con preguntas que intentaban descubrir las mejores capacidades, más intelectuales que profesionales, más sobre criterios de análisis convincentes que de actuación experimentada, más cercanas a la filosofía que al pragmatismo laboral. En concreto, la pregunta que llamó mi atención fue desarrollar: ¿Qué sustancial diferencia al mundo anterior, ya antiguo, con el actual o moderno?
Daban cinco minutos para la reflexión y poder realizar una respuesta; yo contesté que la diferencia radicaba en “la comodidad”, como la esencia que distinguía uno de otro.
Razonando los avances en el confort doméstico y al exterior en general, las facilidades de acceso inmediato a la información más variada, el bienestar de rapidez en la obtención de datos de todo tipo, en los traslados veloces de visitar lugares, hasta en continentes distintos, la regulación conveniente de las temperaturas incomodas y cualquier adversidad minorizada. Pasé a la segunda fase de la selección al siguiente día, y me quedé pensando en la pregunta y la veracidad escrupulosa de la respuesta, que podrían haber sido varias.
Quise encontrar, quizás, alguna idea menos superficial que el envoltorio que disfrutamos y manifiestamente nos diferencia entre épocas y llegué a la conclusión que por encima de todo nos separa “el miedo”.
El gran filosofo cordobés Lucio Anneo Seneca, le manifestó a el emperador romano Nerón, el tirano:
“Tu poder radica en mi miedo:
ya no tengo miedo.
Tu ya no tienes poder”.
Las sociedades anteriores se vieron lastradas por “el miedo” inculcado por los poderosos, sus normas y sus leyes, las creencias y religiones que les advertían de las consecuencias fatales de sus actos fuera de lo marcado por la doctrina, el convencimiento de malignos poderes ocultos que les castigarían si no se respetaban ciertas costumbres que las prevenían. El temor era el verdadero amo del ser humano, incapaz de vislumbrar comodidades que desconocían y justicias por llegar.
Quizás hoy en día, no podamos juzgar a nuestros antepasados en la totalidad de sus actos y afirmaciones, sino más, como apéndices de un periodo que nosotros no transitamos en su veracidad. Hechos que corresponden a otros momentos con su ajustada mentalidad instantánea dentro de la historia.
Cachorros hemos sido todos, con nuestros padres temerosos de nuestras compañías, de la bondad de nuestros comportamientos, del aprovechamiento del tiempo en algo útil, asustados de los peligros mundanos, de las nuevas libertades, de la variedad de productos nocivos para la salud y la rapidez de los vehículos en que nos transportamos.
Nuestros progenitores cambiaron el temor ancestral y atávico de su época por el pánico a la inseguridad de sus hijos, a sus salidas del domicilio sin hora de llegada. A los viajes a otras ciudades, al extranjero (ese universo desconocido) repleto de avatares por solventar.
Ahí nos hemos fabricado las nuevas generaciones, que ya nos estamos haciendo ancianas, y mantenemos los mismos temores y desvelos que tuvieron con nosotros.
Este modesto abanico multicolor de poemas aceptado como RAPSODIA (literariamente el pasaje amplio de un poema épico, en especial como alguno de los de Homero, realizado por la conjunción indistinta de varios y variados cantos. Musicalmente, una pieza melódica característica del romanticismo compuesta por diferentes partes rítmicas y temáticas unidas libremente sin relación alguna entre ellas. Es frecuente que estén divididas en secciones, una dramática con cierta lentitud y otra más rápida y dinámica entremezcladas), está dedicado, con el silencio de la escritura y la callada sonoridad lectora, a la soledad del abandono de hogar por los hijos, a esa evolución, a la aprensión que produce a los que lo han vivido, a las palabras que no se dijeron, a los inquietos desvelos, a la entrega materna y a lo demás que infiere la aflicción de ver como todo crece, se suelta, se transforma, muta y prosigue donde los personajes actúan reflejando las opacas vivencias inapreciables, hasta entonces, del observador que las relata poéticamente.
Y sobre todo a los que nos enseñaron a sentirnos protegidos como cachorros, y a intentar proteger a su vez a nuestros vástagos, como una cadena continua de montaje de la trasmisión del producto afectivo entre generaciones. A los que nos enseñaron a no asustarnos demasiado, porqué todo pasa. A tenerle miedo al miedo; el verdadero enemigo que arrebata la libertad.
¡Va por ellos!
ADAGIO MA NON TROPO
“Them… and they”
“Tantas cosas existen fuera de tu mente
que no concibes mundo menor.”
Concha García.
I
LA NEBLINA.
“…como el relámpago a los niños
que una buena razón tranquiliza,
la verdad tiene que deambular
gradualmente o todo hombre será ciego”
Emily Dickinson.
El día claro se iba disipando
inesperadamente; habíamos vivido
mirándonos a los ojos tras la verdad
de la confianza, hasta de la fe.
Desde un principio de embrión
para ponerte nombre sin conocerte,
aprendiendo como llamarte desde lejos,
desde fuera de tu casa de vientre.
Desde la sala infinita de espera del temor,
donde solo me asaltaba a mano armada
la imaginación de cruzar los dedos,
la plegaria del santigüe ante Dios.
Llegaron los días de muñeco animado,
de pañal, reclamo de llanto y biberón.
Siguieron los dibujos de barcos, tigres
y dinosaurios, parques de columpios y tobogán,
La ropa se quedaba pequeña, los zapatos
se rompían a base de patadas al balón
del mundo, la habitación repleta de libretas
y juguetes empezó a ser otra nación.
El pantalón largo sustituyó al corto, la propiedad…
privada se guardó tras el pestillo de la puerta,
la música eran golpes de una travesura, y las miradas
comenzaron a ser esquivas, desinteresadas.
Una neblina se fue apoderando
de la conversación; mandaban los monosílabos,
algún silencio con desdén
a la desobediente hora inoportuna de volver.
Y todo aquel desvelo, desde el primer
momento, aquella inquietud
bajo las alfombras del amor, agrandó
como una bruma hacia pupilas huidizas.
Nada que hacer: ¡aquí estoy! como un soldado
herido dispuesto a defenderte.
Con unos brazos temblorosos que quisieran
ser más fuertes para sujetarte.
Para que vuelvas a mirarme
con la claridad de la fe.
Con la certeza de nunca apropiarme de ti,
y la seguridad de pertenecerte.
II
LA CASA.
Hacia días que la casa, nuestra casa,
se había vaciado de sonidos,
de músicas, de cascabeles, de tropiezos,
de luces encendidas, portazos y sonrisas.
Las maletas de encima del armario,
y debajo de la cama habían hecho alas
y volado; volado lejos como un gorrión
que ya se atreve a transitar de rama en rama.
El germen del ser se había incrementado;
necesitaba poco, tan sólo el letrero de salida
encendido sobre la puerta abierta del futuro.
Sin miedo atravesó el dintel y la cerró de un golpe.
Cargando la liviana carga de las aspiraciones,
el viento le rozaba la cara a cada tranco del galope
sin hacer preguntas, temiendo las respuestas
con el peso de su indumentaria y yertos los cajones,
No era una huida, ni siquiera un abandono;
quedaron en el aire, colgando de una lampara,
las palabras heridas del: “hasta pronto”.
Era una vida que avanza desde una casa vacía…
Se marcho la gruesa luna blanca
que tantas veces miramos por la ventana,
se perdieron las estrellas con su luz que perecía;
todo quedó desierto como un paisaje roto.
Yo mirando, tan solo, con una media sonrisa
en medio de la ancha tristeza, algunas de sus fotos
y el silencio apropiándose de todo
de la forma más prohibida, más rotunda.
III
LOS COMPLICES.
El día anterior, no presagiaba nada,
con esa piel cómplice del antaño día a día,
las sospechas no daban noticias, ni noté,
si acaso, que me retirases la mirada.
Pesé que aún seguías jugueteando con tus amigas,
que le sonreías a aquel chico tan simpático;
vi que tu falda ya no cubría tus rodillas
y supe que la libertad de ti se había apoderado.
El desencanto del tiempo no era beneficio,
solo puro trámite destejiendo minucioso lo soñado:
un nacimiento, la niñez, la pubertad y su oficio,
para guardar entre almidones las sombras del pasado.
Hoy sigues saltando entre aviones y ciudades,
abrazos nuevos extraviados, ficticios paraísos lejanos,
buscando en aquellas fogatas el rescoldo de la tarde,
que aquí, sin nada a cambio, te entregamos.
Todo florece de nuevo a la aventura
que la selva vital, abierta, nos ofrece.
Seguiré la senda que me dejes de migas de pan,
y esa será todo mi sustento y mi fortuna.
IV
AHÍ AFUERA.
“La vida es una obra de teatro que no permite ensayos.
Por eso canta, ríe, baila, llora y vive cada momento,
antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.
La vida es maravillosa…si no se tiene miedo.”
Charles Chaplin.
Ahí afuera, sí, afuera, tu no lo sabes,
o quizás ya lo hayas descubierto por ti misma,
o ya te lo ha contado alguien a quien creas:
ahí están todas las más malignas fieras.
No tengas miedo, pero ten cuidado… y observa
como la más sanguinaria luce su mejor sonrisa
de inocente, escondiendo sutilmente su aguijón,
busca una presa, y antes de dañarla la adula, la corteja.
¡Qué difícil el equilibrio del que no arriesga… no vive!
El más recio alambre de acero tensado también tiembla
a cada paso que das, a cada aliento que respiras,
a cada movimiento te espera un descalabro.
Cada uno portamos nuestro propio libro
bajo el brazo, que está escrito, tan solo,
por nuestras mismas manos, ayudadas en las caligrafías,
en los garabatos, con los traspiés en los días aciagos.
Para los éxitos quedan todavía páginas en blanco.
Ten cuidado y observa, que todo lo que poseas
acumulará envidias y querrán que te sea arrebatado.
Todo lo que carezcas, alimentará desprecios,
desdenes, te vestirán de negras penas.
Ten mucho cuidado fuera de esta hoguera,
comienza haciendo frío y después hiela.
V
LA FABRICA.
“Miles han vivido sin amor,
nadie sin agua.”
W.H. Auden.
Es cierto, o al menos eso creo;
no es bueno querer apropiarse de los otros.
Es vana propiedad.
Como quién fabrica barcas,
navíos, veleros destinados para el agua…
que solo aspiran a navegar.
Hay que fabricar también puertos,
para esperar en la escollera
que te vengan a visitar.
No fabriques cañas, anzuelos, poteras
cebos, nasas o redes estrechas de pesca
que acaben con la fauna plateada del mar.
Terminarás comprando una escopeta
que te ayude a cazar todo lo demás;
a matar sin hambre, por el mal gusto de matar.
No fabriques el amor que solo a ti…
te conmueva, te deleite, te complete,
te recueste al sol sobre la arena.
Tiene que agradar a quien se lo quieras dar.
Si no, es inútil… no sirve.
Luz muerta entre la tiniebla.
VI
LA NATIVIDAD.
Ha llegado la hora de desempolvar las bufandas,
de lucir el hermoso chaquetón que nos abriga.
Ya están radiantes las luces en blancas bombillas,
como los pechos de las crías de las golondrinas.
Se encaraman por los árboles hasta sus copas más elevadas,
se anudan a las farolas, a los balcones de barandilla.
También se agarran a los altos dinteles y alfeizares
cruzando las principales calles del comercio.
Nos deslumbran sus figuras multicolor al oscurecer
la tarde, con su toque de campana los destellos estelares.
Todo anuncia natividad en su presencia.
El frío que acompaña el bullicio no lo nota.
El mapa de estos días huele a castaña asada.
Los festivos asaltan, con la cadencia de la comba, el calendario.
La reunión es el motivo de gozo, algarabía, de jolgorio,
La tristeza recuerda alguna ausencia.
VII
EL MIEDO.
La repetida frase de “no te preocupes”
levanta una inquietud de temblor…
del terremoto en Chile.
La clara negritud de la noche
se agranda como una mancha
de grasa tizón sobre el cielo.
Te has ido atravesando la puerta
de huida hasta luego, en busca de ciertos
momentos sombríos a la vida.
Vas a buscar la explosión de oscuridad
con luces en destellos efímeros
que guiñan miradas verdes.
Esmeraldas superpuestas sobre labios
encarnados… granates encendidos
como semáforos del tráfico.
Has salido hacia la penumbra
repleta de promesas, donde la tiniebla
solo sonríe cuando miente.
El tiempo se detiene entre unos brazos
ardientes, mientras la Antártida
dentro de un vaso se derrite.
Las ruedas derrapan en las curvas
más cerradas; las manos, por fin,
sospechan que se atreven… y lo intentan.
Sin querer, hay estrellas y soles
que tropiezan, caen del cielo; toda esa pureza
cae al suelo, se apaga y se rompe.
El sonido musical empieza a hacer ruido
mientras otros duermen.
Dejad que regresen sanos a casa.
Junto al acristalado balcón tímido
de mi existencia, y has salido cuando anochece …
tengo miedo a que no regreses.
Abajo en la calle del aire pasan ambulancias
chillando, bruscas rompiendo la calma
que acuna al silencio.
Van a todo trapo, urgentes,
hacia los hospitales: dense prisa…
¡Dentro viaja el hijo de alguien!
VIII
SOLTAR AMARRAS.
Aunque te hayas ido, seguirán,
con pinzas, presas las húmedas
sabanas colgando del cordel.
Hinchadas como velas de barcos
que se alejan al soplo del viento
deliberante, como tú.
Casi todo parecerá como una somera
ambición desperdiciada, por sostener
amarrado lo imposible.
Esa juventud que corre, que escapa obligatoria,
que se opone ante lo impuesto;
rebeldía ante lo que existe.
Manos gastadas de sujetar maromas
tristes de niebla atando naves,
ahora adultas, que aspiran a volar.
Algo inocuo, intrascendente, me convierte
en una callejuela repleta de salidas,
hacia el lugar de siempre: la vida.
¿Cómo evitar andar por una playa
hacia una repleta familia de gaviotas errantes
y que en desbandada no huyan hacia el mar?
Cada alegato pretende algo, todo resguarda
una intención: saber de ti.
¡Que vuelvas cuanto antes!
Al menos una emoción,
al menos por un rato.
IX
DISCULPAS.
No recuerdo habéroslo dicho antes,
¡os pido disculpas por ello!
Nunca os avise de lo que la escarcha
del deshielo, sin pretenderlo… resbala.
De la rabia que guarda, sin disimulo,
unas apretadas manos cerradas,
aferradas a sus puños.
Deseo que los espejos locos
os devuelvan la sonrisa, y os obliguen
a llevarla como se llevan los ojos.
No os había advertido:
sin quererlo, sin haberlo provocado
os tomaran por enemigos.
Que al encanto de la rosa
la rodean espinas, que los cascabeles,
a veces, son de serpientes venenosas.
Que el hermoso milagro perpetuo
de la mañana que amanece trae la esclavitud
de las obligaciones y sus rutinas.
Todos los soles terminan apagándose
entre sombras; por muchas nubes
que los cubran, nacerán el día siguiente.
Por inclinada o escarpada que fuera
la pendiente hay que observar la cima,
como una misión, y alcanzarla.
Que las palabras, son inexorables,
una herramienta de verdad y engaño;
los hechos, esos, nunca mienten.
Que la intención, siempre se rinde
al resultado sin enmienda; grandes desgracias
cargadas de buenas intenciones.
Los siento, sabed que la belleza puede
ser una trampa, siempre insegura,
dando tumbos entre el tiempo que le queda.
Que la vida, desde que empieza, aprovechadla;
hay que vivirla. ¡La muerte acecha!
X
PARAISO.
“Veo el futuro ya tan nítidamente
como si tú lo hubieras detenido”
Boris Pasternak.
Recuerdo cuando tu mirada se alejaba,
como iniciando un viaje extraordinario
a un lugar perdido en un único punto ciego.
Ensimismada en tu quietud, en el misterio
del impase de tiempo, el paraíso desapercibido
de silencio lo ponías tu… y nadie más.
El torrente, el precipicio, las iniciativas,
la zanja abierta entre el pasado y el futuro
donde caminas. ¿Qué más te podría abstraer tanto?
Acaso la desilusión, el obligado sufragio necesario
de redimirse en las briznas, a la mano, de alegría.
Sujetarse a la inconsciente maravilla de tu sonrisa.
Tú, absorta, meditando el infinito por delante
como un peldaño más de la escalera de la vida.
Yo contemplando, ensimismado como crecías.
Sabiendo que ya no puedo cogerte al brazo,
ni siquiera la mano para cruzar la calle del tráfico.
Tan solo seré la compañía en los ratos que tu elijas.
En la alegoría de entregarse al riesgo de la pérdida,
a todo aquello que rellene la nostalgia de una nueva luz,
y mientras tanto… intentar sucumbir ante la dicha.
XI
LIBROS Y VIOLINES.
Están los libros escritos con manuscritas letras,
y los violines con sus cuerdas afinadas,
para que la historia teja su trama escueta
y al detalle con sus mejores galas y sus músicas.
Todas las cursivas se inclinan ante el laurel
del vencedor y el poder que las atemoriza
para seguir en formación sirviendo fiel
al relato que esconde lascivo su vergüenza.
Cuando las contiendas finalicen de una vez por todas,
todos saldremos derrotados, como hasta ahora,
en este ir y venir de lágrimas agrias de hiel,
estancada sangre dolorida en las arterias.
Los pinceles mojan en las paletas los colores
apropiados de las frases rellenando renglones
que simulan verdades imprecisas, con labios resecos,
agrietados, ocultos tras el carmín de la victoria.
La intuición levanta sospechas, augurios al azar
descalabrado por verdecidas creencias, creciendo
como un puzle laberíntico donde las únicas piezas
que encajan, solo lo hacen con bondad.
¿Cómo explicar a los libros que huyen de la quema,
a los violines tiroteados, que ya no habrá más incendio,
que ya no quedan balas, que la paz se ha instaurado;
que a partir de ahora ya no habrá más enemigos?
Explicarlo ya será difícil, más aún que se lo crean.
XII
PRIMER PASO.
Todo el inicio de andadura
comienza con un gateo, algún tropiezo,
la inseguridad a la falta de costumbre,
como cuando se busca el primer beso.
Después aprenderemos a caminar en el silencio
de furtivas puntillas, huir de los castigos
en carreras fugitivas, a andar con los pies…
en la tierra buscando besos con glotonería.
La dorada corneta del “turuta” del cuartel
de esta santa vida entona entusiasta, otra vez,
la Diana Floreada; hay que erguirse fiel
a la llamada, formar filas y marciales desfilar.
El día viene, con su luz, buscando “caminantes”.
Y nosotros vamos, sin remilgos, al día…
luminoso, no como un encontronazo, más bien,
como al abrazo de futuros inmediatos.
El éxito y el fracaso, esos hermanos siameses
separados nada más nacer, pelean por su sitio,
entre el alma de las personas, los afectos,
las ciudades, los países y las religiones.
El ser humano no se aburre nunca…
mirando al cielo, buscando estrellas.
La tierra, en su universo, se le hace pequeña;
Parece tan a la mano todo lo que busca.
Nacer, caminar y proseguir honestamente,
sería suficiente para conseguir el aprecio
de este logro vital, pero al avance solo contribuye
la tenacidad del rebelde nadando contracorriente.
XIII
HIJOS A LA MAR.
La luz de hoy empieza, tímida aún,
con el entusiasmo habitual de este barco
que por primera vez sale del astillero a flotar.
Todos los momentos son una nueva botadura
hacia el trabajo, los afectos y la vida con su carga
de ventura que hay que transportar y afrontar.
A sabiendas que por recio que sea el oleaje,
la labor del calafate soportará las embestidas
del agua para mantenernos a flote, sin naufragar.
Nos ponemos en pie, casi en pie de guerra,
para despedir a la última parcela del pasado, tan cálido
como árido, tan frío como húmedo: Adiós, ya está.
También nos abrazamos al futuro sin espera,
como una bienvenida con los brazos abiertos,
desde esta densidad efímera del presente.
Desde la insignificancia del ahora, tejemos
con mimbres un canasto para transportar
agua y tiempo que no se puede retener.
Es tan solo nuestra misión con aroma a violetas,
con el empuje de la costumbre del puerto
pesquero que todo lo que sabe es navegar.
Acarreamos melocotones, orquídeas y galletas.
La travesía es larga y sinuosa, insegura
para llevar a los hijos de paseo mar adentro.
Nada se lo impide, van solos.
¡Míralos, ahí están!
A ras de agua… vida bajo el cielo.
ALLEGRO VIVACE
“Us… only us”
“Porque a pesar de todo, nos hicimos amigos
y me mantengo firme gracias a ti, poesía,
pequeño pueblo en armas contra la soledad”
Javier Egea.
XIV
DE AHÍ ADENTRO VENGO.
Yo vengo de adentro de una cueva,
con paredes de madera para el frío,
con ventanas ciegas de granito.
La claridad entra por una boca irregular,
por donde salen las palabras negras…
de humo, los ruidos a la calle junto al río.
Es una habitación horadando una montaña
de ladrillo donde antes habitaba una plácida huerta
de redondeces en manzanas y membrillos.
Después me trasladé a una mustia cabaña oscura,
junto a otras parecidas, entre el barro denso
del deshielo, frente a una lóbrega siderurgia.
Viajé con mi existencia a una planta baja
del nuevo barrio en las postrimerías del trabajo
cerca de una carretera de bienvenidas.
Hoy abro la ventana, aún sin cortinas, y el sol
me visita, las palmeras me saludan junto al mar,
las gaviotas del puerto rompen a volar.
En este universo de adelfas y margaritas,
de malvas ciruelas ácidas, de albaricoques
sonrosados que empiezan a endulzar.
Buscando la flor hermosa de tu alegría,
me conformo, tan solo, con hallar el toque
cariñoso, el destello en tu mirar de poesía.
Creo que siempre quise vivir en el mismo lugar…
tan difícil de guardar;
frente a ti, hija mía.
XV
LA LOCURA.
Es el momento exacto de erguirse,
de abandonar la pereza, la flojera,
y de mirar a los ojos a la lujuria.
Es el momento de aprovechar el tiempo,
acometer nuestras obligaciones y afectos,
de no desperdiciar cada minuto inaugurado como feliz.
El suspense nos entrega la locura del mundo,
tan repetido en la escritura de la historia
grabada a cincel, continua con dolor y sangre.
La ambición salvaje sabe superar obstáculos
a la búsqueda inhumana de alcanzar el botín,
el premio de arrebatar al prójimo el derecho a sonreír.
Los siglos se continúan con grandes logros,
también con los peores inventos malignos
que amenazan el general progreso de vivir.
“El mundo está loco, loco, loco…”:
Aquella comedia disparatada de ambición es el retrato
de pequeños roedores alrededor de un pastel.
El hombre, sobre todos, sabe agrandar insectos
empequeñeciéndose a sí mismo como una larva;
la más diminuta de las hormigas en la pared.
El tamaño humano ha empezado a medirse
en los volúmenes de armamento pesado, ojivas nucleares;
desprecio por la vida de los suyos y los ajenos que posee.
Hay que retornar, cuanto antes, a nuestro refugio
de bondad, a nuestra madriguera de sonrisas,
a nuestro salón de actos de esperanza.
¡Que el mundo continue con su locura, que nosotros
seguiremos con nuestro delirio para que sobreviva la sinfonía
de paz, justicia… y alegría en nuestro destino!
XVI
“ETERNITY”
Quizás el amor, inconsciente, sin darse cuenta,
busque un atisbo de sonora eternidad,
sobrevolando, en sí, el verdadero sentido
de la misma existencia propia.
Por efímero y fugaz que el sentimiento sea,
se habrá justificado la travesía de peripecia,
los primeros tactos nerviosos, la seguridad
de haberlo, definitivamente, vivido.
Aún en el doloroso tropiezo, esperado,
ante la tozuda realidad perezosa y sin arreglo,
la ruptura partirá por el camino de en medio,
con la conciencia tranquila de haberlo intentado.
Los besos irán bien guardados en las alforjas
livianas e ingrávidas de los besos.
Las palabras que prometían más y más aún,
se habrán borrado por lluvias desecadas.
Y la pasión se despedirá para siempre,
sin un “hasta luego”.
Todo esto para un amor que buscaba eternidad,
los otros… ni eso.
XVII
ZOO LOCO.
Alguien me decía que la casa
era muy pequeña para nosotros.
No sabían que tú la agrandabas.
Que por el pasillo corría todo un rio.
Que al fondo de la salita de estar
había un bosque lleno de árboles
donde refugiarse entre sus ramas,
y detrás una terraza dulce sin frío.
En las dos habitaciones hay ventanas
que abiertas guardan continentes,
y en las paredes conviven familias
de libros que charlan entre ellos.
Por la casa vuelan pájaros, corren liebres.
Es cierto que este psiquiátrico de zoológico
es algo diminuto cuando tú nos faltas.
Pero al menos, los animales andamos sueltos.
Tú has puesto los cimientos contra el viento,
y la altura a los techos aéreos de cristal inexistente.
Tú has dado orden y criterio a este jaleo,
a este alocado desconcierto.
Si tu te vas, moriremos encarcelados.
Sin sonrisa, sin amor, ni consuelo.
¡No te vayas… no te vayas…!
Para no sentirnos presos.
XVIII
LA MADRE.
Seguiremos cotidianamente, sin confeti,
celebrando el rito pagano del día de la madre;
nada hay más sagrado.
Nada más meritorio que el laurel triunfal
de los afectos adornando su frente, su cabeza;
que resalte lo glorioso de su majestad materna.
Orla de homenaje a su sentimental grandeza,
a sus desvelos, a su protección de manos tiernas,
al tesoro incalculable de su condescendencia.
¿Qué se podrá decir como agradecimiento
a nuestra amorosa y laboriosa fabricante?
Lumbre de nuestro paraíso doméstico.
Cómplice camarada de orden benevolente,
menesteroso acordeón en el lienzo,
aún en blanco, despejado de nuestras vidas.
La más fiel compañía defensora de trinchera,
la mejor garantía de defensa
como un fusil cargado al hombro.
Cada día celebramos haber disfrutado el honor
de su privilegio desapercibido en la conciencia,
su precioso amor de pescozón, cazuelas y pucheros.
Algunos festejaremos cada hora, irremediables,
por ser los beneficiarios de sus renuncias,
sus esfuerzos, con el temor que se desdibuje su sonrisa.
Algunos, tan solo, ya podremos expresarlo
a la sombra de la mermelada de su memoria.
XIX
AMOR “PLATANICO”.
El sabio y viejo Platón nos sedujo
con amar sin esperar nada de nada a cambio.
Profundo barniz de apariencia…
y superficial engaño.
Agazapados en nuestras profundas
trincheras cavadas de temores
y la inseguridad de un dibujo
hecho por la mano temblorosa de un niño.
Tan solo era suficiente contemplar
mudo, admirarse, imaginar, no romper
ese misterio y seguir jugando
a la dicha de este mundo.
La belleza inocente… y la culpable
también, acaricia inclemente
las pupilas dilatadas ante tanto destello,
tan cierto desnivel alado.
Tanto silencio, desdén disimulando
palpitación, de almas errantes
en la búsqueda accidental, casualidad
premeditada, aparente tropiezo inesperado.
Altos muros de callada obsesión
robusta donde anidan en sus cornisas
las blancas aves con la cotidiana
vitalidad de un latido.
Un solo gesto es suficiente, un reojo,
un ademan que sobreviva en la estatua
de orillas doradas como una estampa
de adoración espontanea.
Esta intimidad escueta, este picor
interior, este escapulario bajo la blusa
escuece como espina sagrada,
hasta que todo se desvanezca.
Todo mute a lo carnal, a lo compartido
sin usura, a la desnudez común
de la franqueza que pervive,
a la pasión recompensada…
Entonces, y solo entonces el amor
del sabio Platón se irá a la basura…
como la piel del plátano.
¡O no!, y perdurará en su secreto.
XX
¡TENER O NO TENER!
Sin ambición alguna de retener,
de crear, o creer (que aquí es lo mismo),
algo de ti que me suponga una propiedad.
Las nubes caminan, se detienen,
se apresuran por el viento en su deambular
por el cielo sin pensar en poseerlo.
Ese fue el cometido, a través del tiempo,
que me regalaste como un ramillete irregular
de flores silvestres del deshielo.
“Tener” es el verbo que precede al de “perder”;
es la víspera esperada donde nada se sujeta,
ni la pasión, ni el júbilo, ni una sola ola del mar.
Los días se sustituyen paralelos como objetos
coloreados en el escaparate del bazar
que da cuerda a los relojes de madera y arena.
Hay tardes que los dioses, esos farsantes,
nos abandonan sin pena ni piedad.
Ya sin secretos, conocemos nuestro valor al azar.
Es el momento de aferrarse a lo que queda,
a la ruina del palacio elegante de invierno
donde se blasfema del pasado junto al fuego.
Pensar en lo perdido, en aquella niñez
de llevarte al brazo hacia el colegio, estar contigo:
da añoranza, gotas de melancolía y de consuelo.
XXI
AQUELLA NEVADA EN NAVIDAD.
Los deseos discutían con la realidad,
brabucones, despeinados, irascibles.
Las esperanzas se habían desvanecido;
era justo el día antes de la Navidad.
Las estrellas fijas, sin licencias ni permisos,
iluminaban silenciosas el zafiro.
La oscuridad de las noches, negro casi fijo;
augurios de tinieblas por llegar.
Las amenazas punzantes comenzaban,
de forma inesperada, a tomar cuerpo.
La perpetua hermandad me transformaba,
atónito, por sorpresa en hijo único.
Me senté, con mi pesadumbre, en el banco
solitario del más duro pedernal del espigón.
Las piedras de mis pies que me habían hecho
deambular por la vida eran de arena frágil en el agua.
El oleaje me transportó a un cruel naufragio,
con el común baúl de los bártulos flotando.
Frente a una inhóspita isla desierta de arrecife
cortante rodeado de escualos desafiantes.
El hacha se había transformado en tronzadora;
su filo no distinguía entre piel, entraña o amapola.
El denso bosque donde jugamos al escondite
confiados era una enorme montaña de astillas
Fue la víspera de Navidad un día soleado;
todo simulaba una amable jornada, una de tantas.
Las palabras de alfiler, de erizos punzantes
e inocentes, me dejarían el corazón helado.
Un hombre en la misteriosa desgracia feliz
de ser verdugo y ajusticiado, a la vez.
Todo en la arrogante abundancia del ártico
hielo que el invierno me ha dejado… dentro.
De otra manera, no me enseñaron a… vivir.
El frío hecho carne, el fuego hecho sangre.
SCHERZO o MINUÉ
“Landscapes and days”
“Entre las azoteas, cada noche se encendían
las luces del ático de nuestra juventud.
Entre las voces suaves y lejanas,
alguna vez, se oye un grito de pánico.
Pero una herida es también
un lugar donde vivir”
Joan Margarit.
XXII
UN PAISAJE.
Desde el privilegio del norteño Véneto italiano
se suspende, intencionada, sobre las aguas turbias
de su laguna, la majestad de una Venecia ornamental.
Una superficie artificial entre la tiniebla y las estacas
de recia madera oxidada de bosques de la Alsacia,
sacos de tierra se apilan cimentando una espiral.
Hay un reflejo constante en la llanura de camaleón liquido
que refleja la solidez de las cúpulas y las máscaras
haciéndolas bailar despacio su silencio sepulcral.
Entre la humedad de sus callejas anegadas
conviven los comerciantes de objetos, de recuerdos,
reliquias sagradas y la fragilidad del cristal.
El moho acompaña los escalones hacia las barcazas.
Las iglesias centenarias, los vetustos palacetes
albergan tesoros intangibles al sonido mudo del vals.
Entre las sombras de las callejuelas más angostas
hay diminutas galerías del arte moderno ingenioso,
extravagante, colorido, con grandes escaparates.
La irrespetuosa y necesaria actualidad creativa
exhibiéndose sin pudor bajo su ardiente llamarada,
a la vista del transeúnte, embistiéndole con descaro.
En su interior, indiscreta, se esconde la imaginación
entre patios de columnas y hojas calladas de helecho.
Al exterior la muchedumbre deambula con ojos asombrados.
Tras una cristalera de gigantes dimensiones hay una imagen
sobre un enorme lienzo blanco bajo una luz que la define;
permanece inmóvil y arrogante como una estatua plana.
Es el rostro escandaloso de una Marilyn, (Monroe, claro,
¿acaso ha habido alguna otra Marilyn?, como aquellos
que tanto recreó Andy Warhol) en todo su esplendor.
Sus facciones juveniles, el desdibujo de su pelo dorado en alboroto,
sus mejillas redondeadas, sus ojos… entornados
sobre media sonrisa en sus encarcelados labios rojos.
Milton H. Greene, el fotógrafo, que con un ojo cerrado plasmó
aparente toda la rebelde ingenuidad premeditada de un animal
tan salvaje como elegante, tan infeliz como felino.
Solo necesitó un dedo apretando sobre el botón necesario,
en el momento exacto que el universo se movía a sus pies,
para levantar una polvareda novedosa quebrando lo arcaico.
Esa instantánea está formada por irreconocibles humanos
transitando estáticos, describiendo su absoluta belleza
silenciosa entre el ajeno mundanal murmullo y el trasiego.
¿Cómo se puede esconder en tan poco… tanto futuro,
tanto poder, tal desamparo, tanta libertad?
¡Es tan solo el tapiz de un irremediable ser arrebatado!
Una figura fija que desprende viveza a los caminantes,
una voluptuosa sensualidad que desvalija, admitiendo adoración
tan impuntual, tan delicada como decidida perpetuidad.
El encanto de Marilyn y Venecia… Venecia y Marilyn
convive reunido como los destinos de dos monedas
tan relucientes como apreciadas, tan antiguas como nuevas.
Puentes que reúnen sueños momentáneos, orgullos extraños
por haber pasado horas contemplando su armonía de quimera,
por ser un breve inquilino de sus cimbreantes aguas mansas.
Por deslizarse sobre las caderas de sus aterciopelados cisnes negros,
flotando sobre su proverbial decadencia, su hermosura marmólea,
su efímera constancia que sujeta una inmune verdad.
Clavar en la memoria esta estrella de deshielo ancestral,
esta figura ardiente de mujer imaginaria y esta ciudad
como dos manos unidas tan diferentes que acarician.
La mujer y la ciudad permanecen incrédulas ante esta admiración,
ante la sorpresa incomprendida; solo el exceso de vanidad
acepta que la muerte para algunos no existe.
Ya me voy; abandono triste, sobre la irregular arruga del agua…
a buscar otra inmortalidad.
XXIII
18 DE DICIEMBRE 2.022 en QATAR.
Domingo por la tarde, apenas hay frío.
Las luces chisporroteantes inundan ingenuas
las calles principales del comercio.
(las luces son a la Navidad como los goles al futbol)
Uufff, menos mal, ya hemos terminado otro mundial,
donde, casi siempre, la favorita princesa principal
volvió a morder el polvo en el tapiz de hierba verde.
Nuestra aguerrida escuadra en formación, experta
en levantar pasiones para pinchar en hueso,
tal cual, como los toreros mediocres.
(unos pegapases inútiles con el estoque)
No hay que usar contemplaciones diplomáticas;
en el deporte no se hacen prisioneros para un canje.
Este ballet no acepta pies torcidos de retoque.
Hay que atacar despiadadamente, con los ojos de la sangre,
los colmillos del tigre y el poder del elefante,
sin descuidar la retaguardia para cubrir la retirada.
Acudimos al envite con el cántaro de la lechera
rebosante de triunfos y aspiraciones, canticos eufóricos
de los que solo saben huir hacia delante.
Con la ilusión desbordante en el escudo dorado
de la turba arrastrada por el mágico flautista
empujando hacia el precipicio del acantilado.
Devorando la brillante manzana envenenada marroquí,
esta vez sin príncipe encantado que nos besase la boca
y nos librase de la mortaja.
(todo se conjuró para rasgar nuestra sagrada túnica carmesí)
Todo se anticipó para volver a la ducha entre lágrimas,
y a la casa de vacío, acostumbrados a la decepción,
salvo aquél, único, día que probamos la miel de éxito.
Cuando nos sentamos coronados de laurel
en la mismísima butaca del Dios del futbol,
desde donde veíamos con orgullo al resto desde arriba.
Se acallaron los ecos del “Macarena, ay Macarena”
y del “viva el vino y las mujeres” en altavoz
retumbante desde el universo exótico de Sudáfrica.
Esta vez en el monte Olimpo del balompié los cíclopes,
los unicornios y las sirenas cantan los tangos de Gardel,
en un español lejano con acento argentino.
¡Que hermosa es la derrota! Al principio quemadura,
curada con tristeza y alcohol por los Campos Elíseos
parisinos cantando ebrios “La vie en rose”.
El día concluye tambaleante como la vida,
con vencedores y vencidos separados accidentalmente
por un ápice de suerte, por un solo chasquido.
Nadie recordará al derrotado que cabizbajo regresa
a su madriguera, para seguir cavando con sus garras
la victoria en la próxima contienda.
Cuidado con él, está resentido.
Murmulla que todo fue… una injusticia.
¡Y es verdad!
XXIV
EL CUCHILLO.
Ya lo hemos visto, no es la primera vez;
el coloreado indio americano nos enseñó
que rendirse en manos del hombre blanco…
es desaparecer.
A la carrera al sprint sucumbe el amazónico
pulmón del mundo; el que nos renueva el aire,
lo purifica, el que lo genera… está cerca de fallecer
en los dientes de ambición de la motosierra.
Que las personas que huyen terminan cansadas
de llamar a puertas que no se abren, de nadar
en aguas que los engullen, de escapar de guerras
y miserias que los persiguen y ahuyentan.
Debajo de las piedras adoquinadas
de las calles y sus aceras silenciosas
corre el interés despiadado sin precio
ni aprecio a todo lo contrario que desprecie.
El mundo gira como siempre,
con un corazón acuchillado
por una mano que parece inocente,
y la otra mano que saluda y sonríe.
XXV
CARNAVAL.
Adelante mis muchachos,
otro paso más al frente.
¡Que no decaiga nuestro
invencible espíritu laboral!
Lo que nos hará merecedores del asueto,
el descanso y la festividad.
Y nos dotará de la posibilidad…
de sufragarlos.
Se aproxima envolvente un profundo aroma
de chirigota, “de piriñaca y de carnaval”,
que nos canta desde su eternidad
el gran trovador Carlos Cano.
En la verbena, donde la plancha torea sobre la tabla,
se han alisado los disfraces,
para, apenas, por un rato parecer a ser
algo diferentes a lo que somos.
Reírnos del todo y de la nada.
De nosotros también.
El ridículo se percibe
mucho mejor en los otros.
Las bandurrias, las guitarras y los mirlitones
han hecho de las suyas por nuestras plazas
y recodos animando una fiesta tradicional
vestida de antifaz… de pagana carnalidad.
Tan solo son las vísperas que invitan
a la severa liturgia cuaresmal.
Febrero se agota frente a un marzo
de precipicio primaveral,
con su incienso, su cirio encendido…
y su azahar.
Permaneceremos alertas a la escucha
de las inclemencias del cielo,
con la piel erizada, los ojos brillantes de espejo
a la espera de algo de piedad.
XXVI
MININOS.
Dicen que a los gatos les sobran
las vidas que a nosotros nos faltan.
(¿Para que tener más vidas,
con nuestro voraz afán a desperdiciarlas?)
Dicen que son como los tigres, los pumas
americanos, los moteados leopardos,
pero como los perfumes caros,
guardados en preciosos tarros pequeños.
Inventores de la curiosidad, del sigilo,
la pereza y la mirada de cristal.
Dicen que son independientes, autosuficientes,
casi tanto, como nos gustaría ser a más de uno.
Que aceptan sobrevivir callejeando indiferentes
a cambio de su libertad innegociable,
con una raspa de pescado sobre las piedras
húmedas y frías de un malecón.
O hurgando en los bidones basureros
del restaurante cerrado, ya sin nadie.
Son nube sin lluvia, huella y arañazo,
lamido y maullido al mismo tiempo.
Se conforman con poco.
No acumulan nada y nada transportan.
Tienen buenas y malas pulgas
como el viento, elijen el momento.
Los mininos domésticos son más caprichosos;
la aristocracia, esa quietud peinada, no admite
las visitas molestas, detesta los ruidos estridentes
que la asusta, y le disgusta obedecer.
No acepta a su sombra, ni su nombre;
prefieren a la tristeza de la mujer
sentada en la ventana cantando a su guitarra,
discreto y vigilante a la caza del insecto.
Donde ellos siempre caen de pie,
nosotros tropezamos una y otra vez.
Escapamos como ellos de turbulentas aguas,
de remolinos y de traidoras pozas mansas.
No nacimos felinos, pero frente a… la vida
hay que defenderse panza arriba,
con las uñas sobresaltadas, las verticales pupilas
demoniacas y una agilidad insospechada.
De repente nos vestimos de gato cimarrón
entre el risco, el valle y la montaña.
A cubierto y al acecho del exterior
que nos acucia, nos engaña y nos araña.
También nos dejamos acariciar.
Ese es nuestro defecto… nada más.
XXVII
MAPA DE LA ISLA.
Aquella tarde se cerraba sobre sí misma,
como un abanico recién pintado a mano,
con cuidado antes de secarse su frescura.
Para entonces, aquella única isla se parecía
a todas ellas asediadas por aguas y gaviotas;
apresada por años, vencida en su propia soledad.
Solo en las amarillentas fotografías antiguas
aparecíamos con un semblante algo más joven,
cuando la edad era tan solo un fatuo embeleso.
Caudal imposible de sujetar, como a un niño
desprovisto de sus juegos y sus sueños.
Revoltoso en el capricho fiero de su tristeza.
Apenas aspiramos, como un solitario destino,
al mapa de un universo futuro que se desdobla
evitando, en lo posible, el rasguño del desencanto.
XXVIII
DESDE EL NIDO.
En la curvilínea rama del gran árbol
que abarca desde Ucrania hasta Gaza
convive una familia de pajarillos.
“Papá y mamá han salido.
Supongo que al trabajo…
¿A qué si no…?
Nosotros permanecemos atentos
con los picos abiertos en el nido,
tan solo a la espera del sustento.
Mientras, leemos técnicas de vuelo.
Estudiamos los vientos y los aterrizajes,
aún con las alas desplumadas.
Todo a la búsqueda de la desconocida libertad.
Ahí fuera hay mucho ruido, algún estruendo,
sirenas dando tanto miedo que se asusta a la paz.
Nos han prevenido con toda clase de advertencias:
¡mucho cuidado con los gatos…
y las aves rapaces que solo matan por hambre!
No como los hombres
que salen a matarse, entre ellos,
después de haber desayunado.
¡Qué sé yo! si las propias iras o los poderosos
que los mandan, lo harán por codicia
o por temor. ¡Ellos lo sabrán!
También hay peligrosos cazadores,
que por deporte se divierten; algunos
del tamaño exacto de niños despiadados.
Papá y mamá salieron… y aún
no han regresado, como sí, la noche.
Llegar a viejos será un milagro.
MINUETO e FINALE
“To all or nothing”
“Donde pongo la vida, pongo el fuego…//…
Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.
Si sale nunca, la esperanza es muerte.
Si sale amor, la primavera avanza”
Angel Gonzalez.
XXIX
LIBELULAS AZULES.
“¿Cuántos principios
caben en una lagrima?”
Thomas Vinau.
Que el polen de la encina, las espigas del brezo,
la alargada hoja pegajosa del eucalipto,
los pequeños pétalos blancos del azahar
me cubran hasta mi final.
Los dragones, las sirenas, los corzos
y la alondra conviven en la misma memoria
rescatada de mi abuelo, absorta con la viveza
del milagro de las libélulas azules y transparentes.
El impala, los gansos, las liebres y las tórtolas
viajan, juntos por su cuenta, abriéndose paso
cauteloso entre los espesos matorrales del lobo,
creyéndole invisible ser sin dientes.
Todos ellos con una mirada latente al acecho
de su natural inteligencia hambrienta,
plena y libre en peligro de ser abatida…
de ser arrebatada, de un golpe, sin contemplaciones.
Todo me advierte de una meta cercana,
de una orilla abierta ante la eternidad del agua.
Usare, para protegerte, todas mis mejores trampas
cuando vea que todo… irremediablemente se rompe.
XXX
LA COSTURERA
El prodigio de dos pieles se ejecuta;
Un tejido nuevo y fresco se convierte
con el tiempo en un material viejo.
Aquella hebra de lino o de algodón,
fraternal con diez mil hermanas,
se entrelaza al mismo rumor de caracolas.
Aquellas que al primer roto de su concha
se abandonan, como el anciano tañer
de las campanas de bronce o de latón.
Ya no se lleva, pasó de moda,
falleció su momento de esplendor
en las praderas de las calles y las olas.
La cobertura también afecta al interior;
el brillo rutilante de sus escamas
desnudando intimidad se desmorona.
El maquillaje de sonrisa no palía el desconchón,
el disimulo no funciona a plena luz,
ni la herida perpetua se sutura con pomada.
Somos dos pieles que fueron extrañas;
que una costurera habilidosa hilvanó
con hilos de seda y miel de lirios en cruz.
De dos trajes distintos y elegantes,
nos unió el mismo abrigo frente al frío
en el mismo traje para el baile.
XXXI
EL ALFARERO.
“Aprendí que le dolor talla la oscuridad
hasta convertirla en luz.”
Javier Diaz “Locus”.
Huir de los conflictos es ser un desertor.
El código militar los ajusticia pulsando el gatillo
obediente del fusil con un ojo cerrado.
No es bueno dejar abandonado en la llaga
abierta a cuchillo de la trinchera del horror,
donde comandan las órdenes, al compañero.
No enfrentarse al peligro de la muerte y escapar,
a veces, es pedirla a gritos, salir repleto de agujeros
en el casco de la última barca hacia el mar.
Donde quieras esconderte no hay lugar;
un rato más, un día quizás, una semana
para correr lejos hacia los tuyos y sin saber… rezar.
La vida, por sí misma, nos enseña a nadar
en aguas turbulentas, en arenas movedizas
a chapotear, en ascuas calcinantes caminar.
Aprendimos a salvar trampas para fieras salvajes,
a sobrevivir en la sobredosis del veneno de la ira,
a escabullirnos de las jaulas y las cárceles de hierro.
No se puede huir; el mundo nos da alcance,
y el alfarero que nos dio forma, después nos horneó
ha cogido el mazo… y nos quiere golpear.
No conoce a nadie, solo nuestra fragilidad;
ciego nos distingue.
Nada es para siempre, ¡tan solo la muerte!
XXXII
NACIMIENTO.
Hay una deuda inverosímil por pagar
al insuficiente lugar de origen,
y un orgullo extraño difícil de indagar.
No elegimos piedra caliza o mármol recio,
candente arena oscura o rubio desierto,
taza de barro, laguna, ladrillo o azulejo.
No escogemos raza, reluciente sol o luna con estrellas,
cielo nublado, escarcha con luz de espejo;
caprichoso al azar, ese día nos escoge a nosotros.
Ni país, ni acera, ni continente, ni religión,
ni montaña, ni ribera, ni bahía, ni color,
ni cuna mullida de algodón, ni riqueza ni lo opuesto.
Como la inicial moneda falsa de un tesoro
que se derrite ante el primer contratiempo.
¿Nacer no da nada? ¡Tan solo amor y vida!
También dolor, dulce y amargo, vinagre, aceite,
tomate con sal, acida naranja, abrazos de consuelo,
besos de pasión, estrellas de agua en miradas encendidas.
Algún regalo, algún detalle entrega
de raigambre acostumbrada en el carácter.
Tan solo es el principio de empezar a crecer.
Los piratas legendarios abordan naufragios
del tiempo que urde decepciones,
malos tragos, peces aleteando en tierra firme.
Las nuevas brújulas saben mirar a los ojos
repletas de lágrimas y al centro del corazón.
Pierden el norte en el sur de su alocado imán.
Limones colgantes en la trama de una parra,
han hurtado el espacio al racimo de uvas.
Generosa tierra la que abraza al emigrante.
Los secretos abren susurros en voz baja.
La inconsciencia agarra a tus raíces
impidiendo que te eleves dubitativa.
Toda la verdad adscrita al pecho de la madre
que protege, que alimenta, que nos mece
como una barca ante el oleaje de la vida.
No somos quienes buscamos el lugar de bienvenida,
cuando caemos despacio desde el cielo.
Apenas elegimos la última losa y sus palabras.
El lugar y el rito de la despedida, la oración,
la calidad de la madera que encierre el esqueleto,
preparado para la larva del gusano o para el fuego.
RAPSODIA a los CACHORROS
Índice:
Prologo……………………………………………………………………. 7
Introducción……………………………………………………………….. 11
ADAGIO MA NON TROPO: “Them… and they”
I.- NEBLINA…………………………………………….. 17
II.- LA CASA…………………………………………….. 19
III.- LOS COMPLICES…………………………………… 20
IV.- AHÍ AFUERA………………………………………… 21
V.- LA FABRICA………………………………………… 22
VI.- LA NATIVIDAD……………………………………… 23
VII.- EL MIEDO……………………………………………. 24
VIII.- SOLTAR AMARRAS………………………………… 26
IX.- DISCULPAS………………………………………….. 27
X.- PARAISO……………………………………………… 29
XI.- LIBROS Y VIOLINES……………………………….. 30
XII.- PRIMER PASO………………………………………. 31
XIII.- HIJOS A LA MAR…………………………………… 32
ALLEGRO VIVACE: “Us… only us”
XIV.- DE AHÍ ADENTRO VENGO………………………… 35
XV.- LA LOCURA………………………………………….. 36
XVI.- “ETERNITY”…………………………………………. 37
XVII.- ZOO LOCO…………………………………………… 38
XVIII.- LA MADRE…………………………………………… 39
XIX.- AMOR “PLATANICO”………………………………. 40
XX.- ¡TENER O NO TENER!………………………………………… 42
XXI.- AQUELLA NEVADA EN NAVIDAD………………. 43
SCHERZO o MINUÉ: “Landscapes and days”
XXII.- UN PAISAJE…………………………………………. 47
XXIII.- 18 DE DICIEMBRE 2.022 en QATAR……………… 50
XXIV.- EL CUCHILLO………………………………………. 52
XXV.- CARNAVAL…………………………………………. 53
XXVI.- MININOS…………………………………………….. 55
XXVII.- MAPA DE LA ISLA…………………………………. 57
XXVIII.- DESDE EL NIDO……………………………………. 58
MINUETO e FINALE: “To all or nothing”
XXIX.- LIBELULAS AZULES……………………………….. 61
XXX.- LA COSTURERA……………………………………… 62
XXXI.- EL ALFARERO ………………………………………. 63
XXXII.- NACIMIENTO ………………………………………….. 64
Referencias:
Pag. 9 : Reiner Maria Rilke.
“ 12 : Lucio Anneo Seneca.
“ 15 : Concha García.
“ 17 : Emily Dickinson.
“ 21 : Charles Chaplin.
“ 22 : W.H. Auden.
“ 29 : Boris Pasternak.
“ 33 : Javier Egea.
“ 45 : Joan Margarit.
“ 59 : Ángel González.
“ 61 : Tomas Vinau.
“ 63 : Javier Díaz “Locus”.
RAPSODIA A LOS CACHORROS
Contraportada.
Este caleidoscopio multicolor de poemas es aceptado como RAPSODIA. Literariamente el pasaje amplio de un poema épico, en especial como alguno de los de Homero, realizado por la conjunción indistinta de varios y variados cantos. Musicalmente, una pieza melódica característica del romanticismo compuesta por diferentes partes rítmicas y temáticas unidas libremente sin relación alguna entre ellas. Es frecuente que estén divididas en secciones, una dramática con cierta lentitud y otra más rápida de entremezclada dinámica.
Está dedicado, en el silencio de cincelar la escritura y la callada sonoridad lectora, a la soledad del abandono de hogar por los hijos, a esa evolución, a la aprensión que produce a los que lo han vivido, a las palabras que no se dijeron, a los inquietos desvelos, a la entrega materna y a lo demás que infiere la aflicción de ver como todo crece, se suelta, se transforma, muta y prosigue donde los personajes actúan reflejando opacas vivencias inapreciables, hasta entonces, del observador que las relata poéticamente.
Y sobre todo a los que nos enseñaron a sentirnos protegidos como cachorros, y a intentar proteger a su vez a nuestros vástagos, como una cadena continua de montaje de la trasmisión del producto afectivo entre generaciones. A los que nos adiestraron a no asustarnos demasiado, porqué todo pasa. A tenerle miedo al miedo; el verdadero enemigo que arrebata la libertad.