El olvido roto
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©Puchades Ferrer José
Autor: Puchades Ferrer José
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Este ejemplar ha sido compuesto en Junio del año 2020, en su totalidad de texto, portada con imagen de Concepción Rodríguez Duro demás imágenes por José Puchades Ferrer, y es el propietario de todos sus derechos de autor que le pudieran corresponder.
“La vida carece de sentido
sin la resistencia al mal”
Jorge Riechmann.
Introducción:
Como dicen el erudito malagueño Manuel Cabra de Luna al inicio del prólogo del poemario “Este otro dilema” de Ignacio Díaz Leiva: “Enfrentarnos a la lectura de un poema exige un esfuerzo fuera de lo común”, yo apunto: “que no tanto, al menos no debería serlo”. El jeroglífico literario entre el fondo; a mayor abismo del alma humana sumerjamos el batiscafo del mensaje, mejor; mayor clara iluminación se aportará, y el envoltorio de lujo que lo adorna recreando la forma, tejida siempre al gusto de la posibilidad y la capacidad del autor ha de facilitar no exceder el esfuerzo liberando que suponga una carga excesiva.
La misión poética, eso sí, es una labor compartida entre el escritor y el lector creando una conversación intima de conciencias que coincide en un puntual lenguaje. El primero ofrece su obra como un orfebre que engarza sobre una pieza de nobles metales refinados y pulidos diferentes lúcidas piedras preciosas en diferentes tamaños y coloridos evocadores, y es el segundo, el receptor de la obra, el encargado de apreciarla, por entenderla, de satisfacerse, de encontrar su exactitud y su volumen atmosférico de intencones, recogiendo, o no, su validez.
El prestigioso escritor argentino Jorge Luis Borges en su “Aleph” expresa una afirmación:
“Comprendí que el trabajo del poeta no estaba en la poesía; estaba en la invención de razones para que la poesía fuera admirable”
Y en el prólogo de su obra “La Rosa Profunda” aportaría una descripción más detallada:
“La palabra habría sido en el principio un símbolo mágico, que la usura del tiempo desgastaría. La misión del poeta sería restituir a la palabra, siquiera de un modo parcial, su primitiva y ahora oculta virtud. Dos deberes tendían todo verso: comunicar un hecho preciso y tocarnos físicamente, como la cercanía del mar”.
Y a ese lugar concreto de precisión es donde quiero dirigirme. Esa es la meta que debo cruzar… y no sé si lo lograré, desde mis incapacidades y torpezas. Otra labor más.
En esta propuesta de “El Olvido Roto”, todo gira alrededor de la memoria y los fotogramas que nos proporciona de diferentes momentos vitales, anhelos, frustraciones, experiencias a través de un tiempo a caballo en el tiempo de finales del siglo XX y el inicio del XXI, con el botón de muestra del Alzheimer y la demencia senil padecida por mi padre, donde los brotes, ocasionales de lucidez pertenecían a su infancia y juventud 60 años atrás.
El poemario es un retrato, que cada uno valorará de afortunado o no, de la nebulosa psíquica que produce ese deterioro, cuando las frases inmediatas se repiten como una obsesión que no quieren perder su vigencia, cuando la mirada se fija en un punto exacto, queriendo descifrar el enigma inverosímil de esa minúscula partícula y se abstrae de la órbita lunar para volar hacia el misterio impredecible por descubrir.
Quizás, involuntariamente, toda la obra se reduce a un homenaje impreciso hacia alguien tan esencial para mí, y a aceptar que las personas que nos influyen no precisan la perfección a lo largo de la coincidencia temporal, ni siquiera la comunión identitaria con ese ser humano que nos aporta sus actos, sus ideas, sus sentimientos, su identidad y la esencia del tiempo que le tocó vivir.
Las religiones empiezan así, y cada uno fabrica sus propios dioses; los sabios griegos tenían varios y distintos; sería que los necesitaban. Después quizás, todo se simplificó a que el individuo tomase sus propias creencias; así todo se facilita en el intimo cara a cara, o cara y cruz particular de la moneda al azar de la necesidad. Ejemplos de vida nos convencen hacia la bondad como verdadero eje vital donde entregarse, y quizás, tan solo eso, podría ser suficiente… ¿o hace falta algo más?
La poesía tiene una misión cercana a la conciencia, al intimo sentido de la vida, a la explicación sentimental luminosa de los acontecimientos que nos arroyan, que nos envuelven, nos susurran como la justicia tiene toda la obligación de intentar prevalecer en su propio sentido entre el ser humano.
El malogrado e impagable poeta granadino Javier Egea, componente del grupo “La nueva sentimentalidad” creado alrededor de la Universidad de la capital Nazarí en los años 80, renovando la ética y estética del momento lirico imperante, nos advirtió con palabras que me resuenan como campanas a la hora exacta de los oficios:
“Lo que pueda contaros es todo
lo que sé desde el dolor
y eso nunca se inventa”
A sí, el olvido se agranda, busca su espacio y su futuro, pierde su existencia y a rasguños espera su sentido. Es una aspiración para todos los fracasos, sus momentos desgraciados, sus ilusiones desperdiciadas, y se hace imprescindible para continuar.
Todo adquiere el sentido vital de aceptar la merma y aceptarse en las circunstancias no elegidas, y en caprichoso devenir de la memoria.
Es todo lo que queda.
El OLVIDO ROTO
I.- RECUERDOS.
II.- MADRE.
III.- VIDA.
IV.- RESURRECIÓN.
V.- CAPRICHO.
VI.- PAZ.
VII.- AQUEL ENTONCES.
VIII.- OLVIDO.
IX.- DALO.
X.- EL SUEÑO.
XI.- SALVAVIDAS.
XII.- INFINIDAD.
XIII.- ANIVERSARIO DE MAMA.
XIV.- EL ORGULLO.
XV.- PIDO UN RECUERDO.
XVI.- NACIMIENTO DE LUIS.
XVII.- NUESTRO DESAYUNO.
XVIII.- AVANZA EL BREZO Y EL ACANTO.
XIX.- LA CASITA BLANCA.
XX.- EL PUENTE NUEVO.
XXI.- PECADO VENIAL.
XXII.- REBELDE CON CAUSA.
XXIII.- DIOSES AL ACECHO.
XXIV.- PALABRA DE EMPERADOR.
XXV.- SUEÑOS PETREOS.
XXVI.- NIEBLA.
XXVII.- LA ASOCIACIÓN.
XXVIII.- DESPUES DE LA CENIZA.
XXIX.- LA CAIDA.
XXX.- FLOR FINAL.
Dedicado a la Asociación de Familiares
de personas con Alzheimer y otras demencias.
(AFA Málaga)
A su impagable y abnegada labor.
I
RECUERDOS.
La memoria es el único almacén
donde se guarda todo lo perdido.
El tiempo compartido de las derrotas…
y los callados éxitos dormidos.
Contiene igual libres alacranes,
que hojaldres con merengue.
Todos los amores a punto del olvido
y los persistentes.
El lugar de reposo de los vivos,
los paisajes, los amantes
y los ausentes.
II
MADRE.
Cada día el universo se inaugura
con nosotros en el centro como un eje
que hace girar constantes los satélites.
Y la vida se nos ofrece con las manos
abiertas hacia la verdad y la alegría,
como engranajes, a veces… como observadores.
Todo empieza con llanto al primer golpe de aire,
Un balbuceo ignorante de mirada curiosa;
el primer movimiento será un tropiezo.
Comenzamos a caminar con los ojos abiertos
a sabiendas que el fin del mundo
está a la vuelta de la esquina
y su principio vive en el inocente gesto
espontaneo de una madre
que nos pela mandarinas.
III
VIDA.
Hay una luz aproximadamente tenue
detrás de los cristales, o casi no,
como un amanecer en ciernes.
Pasado mañana es viernes…
¡No sé si llegaremos!
En este instante exacto se inicia la vida,
los pájaros cansados del verano
atravesaron la bahía… de aguas verdes.
Azules, grisáceas, según el cielo del día lo recrea.
El mundo se reestrena en la simiente
y yo no sé si estoy vivo todavía
antes de que baje la marea.
¡No abráis la luz hasta que llegue!
IV
RESURRECIÓN.
La verdadera nieve es la azada
golpeándonos la espalda con su filo,
cuando el frío del desencanto
riguroso más congela.
El manto albino de los tejados y las calles
el cálido sol lo descongela y desvanece,
como una vanidad de espuma
que tan solo espera tibias primaveras.
No sé si acumular esperanzas,
o ilusión entre la firme bruma,
confiando que una, tan solo una,
al menos una suceda…
o evitarlas todas y convivir
contra la tristeza hasta que algo
inesperado me sorprenda
como lo hacen los milagros.
V
CAPRICHO,
“Cuando escuches el trueno me recordarás,
y tal vez pienses que amaba la tormenta…”
Ana Ajmátova.
Dentro de la intensa niebla la luz larga
escruta el detalle de la suciedad
del cristal, sin vislumbrar el alba
que todo lo oculta y lo arde.
Los que saben bailar bajo la tormenta,
saben que el limpiaparabrisas barre
la humedad en el vaho del aliento
dibujando un corazón imperfecto.
En el aguacero, sus brazos metálicos nadan
apartando el agua obligatoria de la lluvia,
como el naufrago que busca afecto en una isla,
hasta que deja de latir a nuestra voluntad.
Algunos sonríen ciegos sin ver nada,
despreocupados del tropiezo,
otros lamentan la invisibilidad,
temerosos de lo incierto.
Será el imprevisto capricho de los cielos,
al que nos acogemos…
donde nos refugiamos.
VI
PAZ.
Dijeron solemnes, por primera vez,
que el mundo estaba…
definitivamente en paz.
Pero… ¿el mundo estaba vivo o muerto?
¡Vivo! Gritaron de alegría…
plenos de conocimiento.
Fue la frase más luminosa de aquel día.
Eran las palabras, aún más, hermosas
que necesitábamos oír.
Por fin alejados de los sufrimientos.
La vida, al fin, respiraba libre entre el viento.
Pero no del todo…
sabíamos que no duraría mucho tiempo.
VII
AQUEL ENTONCES.
¿Qué podría decir de todo lo sucedido?
Hace ya tanto tiempo sumido en esta niebla
que aprisiona la ferralla en la consciencia.
Podré hacer un tímido esfuerzo en revivir
los antiguos noticieros de la breve historia
que escribí con mis dedos torpes de alfarero.
Hay lugares que nunca visité, tan solo en sueños,
con bares y bahías donde bebí hasta el anochecer
para despertar perdida la memoria.
Cuerpos de aquel entonces tan jóvenes y hermosos,
eran estatuas animadas de oro que nunca conocí,
cómo no se conocen los países olvidados.
Las cenizas, aún calientes, son el estrago del silencio
que nos queda después de la catarata de palabras
desesperadas por agarrarse a una fogata ardiendo.
No hay consuelo; el cisne blanco ha volado,
como vuelan los pesados cisnes, con mucho esfuerzo,
y sin querer, como siempre, empujado por el miedo.
Miedo a perder, aún, el recuerdo de todo lo tenido,
a el sabor amargo de la derrota que no hace prisioneros,
a no tener ni la añoranza caprichosa de ese espejismo.
VIII
OLVIDO.
Aún más severa que la verdad
es el olvido.
Todo envuelto en tinieblas densas
entre certezas débiles y memoria frágil.
Momentos antes de adentrarse lentas
entre la nebulosa sin faros ni puertos
miré tus ojos como el descubrimiento
de un racimo de cerezas…
del que ahora ya no recuerdo.
Y viví lo que ahora sé que nunca,
hasta entonces, había vivido.
Al menos, no me acuerdo como la perdida
que aún no ha existido.
Y vivir sin ese miedo.
IX
DALO.
“Nuestro amor es un amor brusco y salvaje
y tenemos la nostalgia amarga de la tierra,
de ir a revolcones entre besos y arañazos”
Vicent Andrés Estellés
Recoge todo lo que te sobra,
todo… y dáselo al amor.
Busca todo lo que tienes,
recopílalo, y dáselo al amor.
Date al amor sin reservas, ni temores,
como un ofrecimiento de paz, de luz y de futuro.
Consigue, con o sin esfuerzo,
lo que puedas y dáselo al amor.
Da al buen amor toda la bondad que poseas;
recibirás mucho más de lo que entregas.
Dalo todo sin rencor…
¡Ese es el premio… toda la recompensa!
Dalo todo al amor.
Ese es el secreto… y su misterio.
X
EL SUEÑO.
Me gusta dormir tambaleante
entre el corazón de tu pecho y el mío,
como un solo cuerpo latiendo a la deriva.
Dejadme ir a la inconciencia
de refugiarme en el sueño impío,
como la vida insolente que va y viene.
Que se va, se arrepiente… y vuelve
con el empeño de proseguir su desvarío
procaz al día siguiente.
Me gusta dormir contigo y tus mieles
para afirmar todas las paces
de quién nunca me sentí enemigo.
XI
SALVAVIDAS.
“En cualquier elemento el hombre
es tirano, prisionero o traidor”
Aleksandr Pushkin.
Cuando nos acercamos a salvarte
parecías metido en el disfraz robusto
de un acorazado hundido
del que no quieres… escapar.
Por mucho que te insistan,
que persistamos
los que miramos por ti…
más que tú mismo.
Tu zozobra es inevitable.
Tú, que fuiste nadador olímpico
en las aguas bravas del deshielo de los ríos,
solo prefieres naufragar.
¿Qué te arrastra, qué te encalla
al fondo abisal ciego de los fríos?
Negra oscuridad y sin remedio donde estás
sin aletear ni salir huyendo.
¿Qué dolor te habrá hecho la vida?
¿En que lugar andarás metido,
que ya no quieres respirar?
¡Será que falta amor… será eso!
XII
INFINIDAD.
“ Soy un manojo de vanos esfuerzos
atado por un lazo fortuito …//…
supongo para climas apacibles”
Henry David Thoreau.
Nada más infinito que el olvido,
a los que buscan eternidad,
más allá de la existencia o de la muerte.
Ningún bosque guarda tanto árbol,
creciendo hacia dentro tan perdido
entre la musaraña de la memoria.
Ese manto austero que ha de cubrirnos.
Tanto tiempo silencioso, será inapreciable
ese cúmulo perpetuo de gloria,
lo que espera tras la vida y su despido.
Para no morirme ahora…
palpito, vivo, amo
y lo escribo.
XIII
ANIVERSARIO DE MAMA.
Naufragio de atardecidas vidas
en el manso embarcadero
donde se escabullen las sonrisas.
El último aniversario apenas fue
hace un minuto y cuarto.
El próximo sigo celebrándolo.
Me fui quedando ciego, sin querer,
cuando perdí tu mirada.
Me fui quedando mudo sin poder hablarte.
Nunca dejé de aprender de ti, aún sin ti.
Tú, que me lo habías enseñado todo,
no dejé, no dejé, no dejé… de tenerte.
El tiempo te arrebata el mundo en un zarpazo,
igual que un atlas que se lleva bajo el brazo
con países nuevos, ríos sin agua, hielo derretido.
Soplé las velas por ti.
¡Y todos aplaudieron!
XIV
EL ORGULLO.
El orgullo es una buena medida
para conocer la belleza de un lugar…
de una persona.
El placer de haberlo paseado,
cruzar por las esquinas de sus calles.
Haber hablado sinceramente con ella.
Pisar sus adoquines sin prisas,
de transitar despacio por su orilla.
Pasar despacio la mano por su mano.
Satisfecho poder contar el hecho
de haberle pertenecido al menos por un tiempo,
aunque breve, como un sueño o como un logro.
Haber estado allí, algo risueño,
Sin más pretensión que conocerla.
Esa belleza no necesita más…
El orgullo la define, la defiende.
XV
PIDO UN RECUERDO.
“Cuéntame que todo esto,
y el amor también…
nos destrozará”
Richars Siken
Un recuerdo tuyo, uno solo,
eleva aún más el arco iris
hasta hacerlo, al fin, inalcanzable.
Su belleza es el reflejo colorido de ti,
de los cisnes deambulando en el estanque
con la curva de su cuello de hojaldre.
Aquel racimo de uvas detenido
ante las escarchas que todo lo arrebatan,
fuimos nosotros desprovistos de los miedos,
Tan solo un recuerdo es suficiente
para sentir en el pecho la estrella deslumbrante
de aquel tiempo… de aquel cielo.
Tan solo pido un recuerdo tuyo,
para no sentirme desahuciado.
Tan solo uno que me ampare.
Tan solo uno de ti que me dispare…
me perfore y me atraviese
para sentirme afortunado.
XVI
NACIMIENTO DE LUIS.
De entre los últimos balazos del frío
de aquel invierno, nos llegaste
como un pequeño héroe de la vida sin nombre.
Fuiste alguien anónimo con tu desnudez
y todos los poderes ocultos de los seres superiores
discretos al que llamamos Luis.
Venías del tiempo libre sin medidas ni perfumes
de días, entre fragancias de jazmines sin país
con la crueldad de los relojes.
Venías de la completa nada
y nos lo diste todo;
Todo lo que ya teníamos y lo que nos faltaba.
Con tus deditos diminutos supiste abrir grietas
en nuestra alma para sembrarnos girasoles,
celestes océanos pacíficos… de esperanza.
También lunas crecientes llenas de mapas
de azucenas de plata como candiles en la noche
al sencillo alcance de la mano.
La madrugada se abrió con un primer llanto
de suspiro, de derroche de vida y de alabanza.
Solo un berrido más hermoso que el canto.
Tu abriste los ojos a la madre naturaleza,
mientras yo dormido todavía, mi alma
descansa sin cesar… soñando contigo.
XVII
NUESTRO DESAYUNO.
Algún Dios, ¿quién si no?
está fabricando otros dioses,
a semejanza de sus propios hijos.
Algo a lo que aferrarse en la zozobra.
Uno solo no sería lo suficientemente fuerte;
alguien dejaría de creerle y caerse.
Se construyeron diferentes templos,
altos y grandiosos donde clamar,
donde acudir a refugiarse del oro y su miseria.
Donde callar… o hablar entre susurros
al interior de un Dios profundo y cercano
dentro de la propia casa y el propio cuerpo.
Las ocupaciones, las pretensiones,
los afectos de los nuestros nos cercan
bailando libres alrededor nuestro.
Desayunamos juntos y nos besamos
con pequeños dioses mortales. Convivimos
sonrientes festejando nuestras… incapacidades.
Los dioses grandes están ahí fuera, tras la puerta
y nos persiguen para hacerse una fotografía
con nosotros, como con seres incrédulos.
XVIII
EL BREZO Y EL ACANTO.
En otoño, cada año, se estanca el brezo y el acanto
despeinado sobre un rebelde tiempo inoxidable
que despeña los días por un barranco.
El temible “Halloween” enciende calabazas
de pequeños pedigüeños que asustan,
con mexicanas calaveras, el vértice de la muerte.
Tras la ventana, abanicos de grises cenitales
lucen su tristeza sobre los árboles desnudos.
La calle se humedece en el marengo de las nubes.
El día de los Santos florecerá entre lapidas.
Recuerdos imborrables calcinan la memoria
queriendo disimular lágrimas que se desbordan.
Seguirá el galope desbocado del comercial
castigo en los escaparates del “Black Friday”
como el pescador de seres sin recursos.
Espera Navidad de colorines y panderetas,
como una vieja isla solitaria que termina el año
y el mundo pasado flotando hacia uno nuevo.
Avanza, aún sin descanso, una barca incesante
de parque de atracciones con nosotros dentro,
como unos pasajeros obligados y contentos.
Recordaremos como en tantos otros brindis,
a los afectos que se fueron, esperando que alguien
nos recuerde sobre el futuro, al menos…
por un efímero momento.
XIX
CASITA BLANCA.
Camino sobre el filo de la navaja
que divide el milimétrico espacio
del presente y el futuro inmediato.
Me preguntas qué fue de aquel jardín
donde jugábamos junto al sendero…
hacia la hermosa casa blanca de la infancia.
… Y no lo recuerdo.
En el lago se ha sumergido mi cabeza,
como el averiado submarino sumergido
repleto de musgo y atardeceres de color anaranjado.
Si te alejas pierdo el norte y la guerra
de hacia dónde ir… de continuar vibrante
en esta extraña fiesta de vivir.
Donde perduro junto a ti.
Tu presencia me hace amar la brillante luz
que amé… y que subsiste solo en tu mirada
y es en tu palabra donde cuidadosa se guarda.
Después del abandono de conciencia,
de tanta perdida, con un temblor entre las manos
es entre tus manos, donde tu caricia me consuela.
Ahí me reencuentro.
XX
EL PUENTE NUEVO.
¿no sería posible, oh huésped del futuro,
caminante, que a visitarme vengas,
a mano izquierda según pasas el puente?
Anna Ajmátova.
Crucé aquel puente por vez primera
sobre el caudal sin agua, la grama,
la tristeza de piedras sueltas y la tierra seca.
Hacia ladrillos unidos con cemento y cristales;
a modo de edificios han crecido alineados
al otro margen silvestre de aquel árido cauce.
La fila militar de postes de la luz se aleja
con la mirada perdida de luciérnagas,
agazapadas entre amapolas y ortigas.
Aquel paisaje fue mi escenario de niño;
había limoneros, higueras, una presa,
un colegio y una iglesia entre esbeltos eucaliptos.
También hormigueros repletos de humanos
sin nombre y pájaros sin raza cantando
desde los brazos de estatua en los árboles.
Después de tanto tiempo pisé el lugar
donde tanto jugué al escondite de la infancia,
la vergüenza, los culpables y los miedos.
Un puente nuevo cose esta llaga de soledad
entre dos riberas con silencio de lápida,
mientras la ciudad avanza sobre el huerto.
El triste río sigue absolutamente seco,
las ranas ya se han muerto, los limones…
se han caído, como los años ciegos sobre mí.
Ahora veo ese pasado, con un jersey
de lana tejido por mi madre para esas tardes
del otoño tan lejano, algo templado.
Desde el puente lo veo ahí…
¡Así!
XXI
PECADO VENIAL.
“Y en lugar de los pequeños y grandes de la tierra,
suena en concierto un zumbar de insectos”
Joseph Brodsky.
El olvido carnívoro como un hambriento
mendigo perenne nos persigue
con la constancia de un comisario al delito.
El venial pecado de ser culpable de vivir,
como la niebla paulatina, yace siempre
dudosa en dividir los eclipses de la luz.
Así la cosecha de maíz, decepción y dolor,
sin calmante medicina, en la consciencia
ajena se reproduce o propia herida se recoge.
El alarido de un mudo tiempo nos espera,
en la herramienta que lima asperezas
borrando la memoria causante de la cicatriz.
Todo pasará, hasta nosotros pasaremos;
Mientras tanto persistimos en la apariencia
de indultar a la desilusión, hasta aceptarnos.
Solo nosotros, sí, nosotros solos, los únicos
en lavarnos las manos de todas las catástrofes
que hemos creado; ¡también será culpa de otros!
Necesitamos la ingenuidad como un salvoconducto
que nos ayude a tejer la trama de los sueños…
para seguir erguidos ahuyentando monstruos.
Y así será, como seres… pequeños,
inquietos penitentes diminutos.
XXII
REBELDE CON CAUSA.
Sin saber por qué, incumplimos las promesas
que nos ataban con cadenas el futuro.
Saltamos las barreras que limitaban
nuestros pasos libres sin fronteras ni alambradas.
Cometimos todos los delitos indoloros
que golpeaban la conciencia estricta de los castos.
Escapamos de las cerradas rejas con candados,
dejando atrás las verjas a la carrera.
A lo lejos la memoria, hoy lo vemos
como momentos de una rebeldía necesaria.
Pisamos descalzos cristales rotos, cañas astilladas
y aún con los pies ensangrentados…
toda aquella dolorida cicatriz nos aparece
como algo tan hermoso.
XXIII
DIOSES AL ACECHO.
Cuando por propia convicción
dejemos de adorar a nuestros dioses,
también abandonaremos el temor…
a los demonios.
Entonces aparecerá la sensación
de sentirnos desarmados, sin respuestas,
con la mejor sapiencia, plenos de ciencia,
absolutamente solos.
Rodeados, a veces, tan solo de nosotros
con nuestra bondad expandiéndose…
a la espera que la maldad se disuelva.
XXIV
PALABRA DE EMPERADOR.
Le paso con suavidad la mano por el cabello,
después por el hombro de forma paternal,
como a un hermoso gato turco de angora.
El emperador trató de instruir a su hijo,
al joven príncipe heredero, dueño de su orgullo,
de la forma más conveniente y le dijo:
“Cuando tengas el privilegio de ocupar mi sitio,
intenta más que te deseen o te quieran,
que te teman como a la ira de un Dios benevolente.
Estamos hechos para ser sustituidos o destruidos
por las revoluciones que se esperan
para gobernar otros desde nuestro poderoso lugar.
La condescendencia nos hará parecer débiles;
el respeto que el miedo proporciona actuará
en nuestra defensa por los ejércitos y el pueblo”.
Y así lo hizo el nuevo obediente sucesor…
mientras pudo, hasta que sucumbió.
Esto sucedió… no tan lejos.
XXV
SUEÑOS PETREOS.
El universo cubierto de luces minúsculas
en sus techos, en sus suelos rocas
de todos los tamaños, aristas y colores.
Son la variable solería para huellas
de humanos cualesquiera, acaso de vidas
sin aparente valor que continúan.
Junto al rebalaje del agua permanecen
quietas, dejándose llevar entre olas
que las mueven, las pulen, lavan y pasean.
Dormida en la húmeda arena de la playa,
la encallada piedra sueña con, un día, ser montaña
que alberga caminos descuidados y denso bosque.
Con ser risco alto y elevado cerca del cielo,
para otearlo todo desde arriba
con el orgullo volador del águila.
No quiere ser pilastra de catedral, ni casa
ni cabaña, repleta de voces altas que discuten.
Si acaso, un buen hospicio, colegio u hospital.
Su inerte hermana piedra descansa entre mareas,
que de cuando en cuando, la despiertan
de su sueño imposible de ser isla deshabitada.
Ser isla o península olvidada en los atlas,
sin cuevas ni tesoros, sin rutas ni alimañas,
sin puerto de barcas tristes y esclavas.
Anhela en la quietud varada sombras estiradas
de palmeras, abisales peces coloridos, rápidas tortugas,
cangrejos en sus arenas andando hacia adelante.
Caballitos de mar, estrellitas saliendo de aguas azules,
espejos celestes anidan plegarias en sus almas sin cintura;
soñando el sueño de ser isla de amantes.
Ahora lo recuerdo… sueños así nunca se olvidan.
XXVI
NIEBLA.
“Quizás el olvido, como una bondadosa nieve,
los estremecerá y los cubrirá.
Pero eran parte de mí.
Eran mi paisaje”
Sylvia Plath.
A veces nos acordamos, otras no.
¡No me preguntéis, no sabría contestar!
Entre la verdad y lo contrario: ¿Qué más quisiera yo?
Hilos de seda por tejer un manto protector,
una barcaza zarandea olas por domar,
una ribera de certezas sobre tierra firme.
Todo se sucede, buscando juicios al azar.
Serán las lunas luminosas contra el sol,
las que disputen el sereno azul del mar.
Nada impide que un recodo agrande un dato,
una nebulosa descienda y se aclare,
un misterio entre la bruma se desvele.
Una conciencia obliga a una labor,
igual un remero sobrevive a la corriente,
y un esfuerzo justifica una ilusión.
XXVII
LA ASOCIACIÓN.
Asociación de Familiares de personas con Alzheimer y otras demencias.
Era temprano y la puerta quedó entreabierta,
sin querer, y hubo que cerrarla aceleradamente.
Llegaban al resguardo del aguacero cotidiano,
entre traqueteos lentos, al empuje de sillas con ruedas.
Acudían a la Asociación que les cuida y les protege,
como al redil cercado que custodia los rebaños.
Impera la sonrisa complaciente, conocedora
del derribo de un mundo que ha borrado su memoria.
La mirada del paciente acude inmediata al asombro
de lo desconocido que se repite hace ya meses, años… quizás.
Mariposas monarcas que esconden sus preciosas alas
por el olvido a volar, por no saber hablar guardan sus palabras.
Indefensos seres frágiles de opaca luz de tiempos
que alumbraron su existencia despendidos de recuerdos.
¿Qué nos queda sin imágenes de todo lo vivido? Sin saber
de aquellas alegrías, ni de la furia del dolor con tanta perdida.
Los logros han pasado al desvalijado cofre de la nada.
Los afectos arañan la puerta hacia la soledad vacía.
Cosas, crueles, de la vida.
XXVIII
DESPUES DE LA CENIZA.
En un momento, inesperado, de repente
llegaste, desconocida, con tu cabello
flotante a la carrera de las prisas.
No estoy seguro, ¿Qué sé yo?, si fuiste tú…
o la belleza imprevista quién incendió
mi pulso de ascuas, ya, hecho cenizas.
Mirando al frente, impasible, permanecí
en mi sitio con la indiferencia inmóvil
de la estatua que no advierte una sonrisa.
Con la gracia de la garza que aletea,
atravesaste el espacio inverosímil del día
que desvela verdades y luces imprecisas.
Fue un instante, o quizás, algo más,
suficiente para que prendiera la llama
que perdura en un tiempo que se olvida.
Mi corazón olvidó al olvido que lo aclama,
y persiste repartiendo en sus arterias,
a trote lento, su latido vivo entre tu brisa.
XXIX
LA CAIDA.
Ya lo sé, sí, lo sé… caeré.
Esa caída de una sola vez, definitiva.
Caeré como caen los viejos imperios,
como caen los pobres en la pobreza.
Así caen de un golpe los impíos,
como cuando cae la vida que se aleja.
Como se derrumban los desangelados
de mirada limpia con la mano que aletea.
Me desprenderé, como las hojas del otoño
en un jardín japones, de todo lo que me sujeta.
Caeré para que la quietud me engulla, quizás solo,
pero sin duda caeré y mi universo será otro vacío.
Caeré por fin y de una vez, para no levantarme
como antes lo hice tantas otras veces.
Sin miedo caeré… y nada será mío.
Libre partiré por la senda del último camino.
Caeré como todos, y de lo que fui
no seré, ni de los que fuimos…
ni yo siquiera… tan solo recostarme
en el profundo hueco estéril del abismo.
Abandonarme en la luminosa galería
ciega y perdida… del olvido.
Y ahí quedarme, por fin, adormecido.
Caeré tieso como los estorninos del invierno
posando su descanso sobre el cable de la luz.
Caeré hacia abajo como se deslizan las lágrimas
por la mejilla con negra tristeza o alegría azul.
Caeré y ahí se cerrará, en ese final, mi plenitud.
XXX
FLOR FINAL.
Para cuando tenga, ya para siempre,
los ojos del cristal esmerilado,
carentes de brillo.
Para ese momento que, pareciendo efímero,
se perpetua sin remedio, he escrito
todas las palabras aquí escritas.
Cantos claros del atlas de estrellas sin oficio;
luces al secreto interior de las caricias
sin más intención que la suavidad del amor.
Son de una voz sin pretensión;
como un silencio guardando margaritas
entre las amapolas que nos ofrece el camino.
Aquí están todas las flores elegidas
entre las sílabas que me harán falta
para no acudir a ningún sitio…
para no volver a este lugar
donde por mí, estará ya todo dicho.
EL OLVIDO ROTO
INDICE:
I.- RECUERDOS……………………………………………………….. 9
II.- MADRE……………………………………………………………… 10
III.- VIDA………………………………………………………………… 11
IV.- RESURRECIÓN…………………………………………………….. 12
V.- CAPRICHO………………………………………………………….. 13
VI.- PAZ………………………………………………………………….. 14
VII.- AQUEL ENTONCES………………………………………………. 15
VIII.- OLVIDO…………………………………………………………….. 16
IX.- DALO……………………………………………………………….. 17
X.- EL SUEÑO…………………………………………………………… 18
XI.- SALVAVIDAS……………………………………………………….. 19
XII.- INFINIDAD………………………………………………………….. 20
XIII.- ANIVERSARIO DE MAMA………………………………………… 21
XIV.- EL ORGULLO……………………………………………………….. 22
XV.- PIDO UN RECUERDO………………………………………………. 23
XVI.- NACIMIENTO DE LUIS…………………………………………….. 24
XVII.- NUESTRO DESAYUNO…………………………………………….. 25
XVIII.- A VANZA EL BREZO Y EL ACANTO……………………………. 26
XIX.- CASITA BLANCA………………………………………………….. 27
XX.- EL PUENTE NUEVO……………………………………………….. 28
XXI.- PECADO VENIAL………………………………………………….. 30
XXII.- REBELDE CON CAUSA…………………………………………… 31
XXIII.- DIOSES AL ACECHO……………………………………………… 32
XXIV.- PALABRA DE EMPERADOR……………………………………… 33
XXV.- SUEÑOS PETREOS..……………………………………………….. 34
XXVI.- NIEBLA……………………………………………………………… 36
XXVII.- LA ASOCIACIÓN…………………………………………………… 37
XXVIII.- DESPUES DE LA CENIZA…………………………………………. 38
XXIX.- LA CAIDA…………………………………………………………… 39
XXX.- FLOR FINAL………………………………………………………… 41
REFERENCIAS:
Página 3: Jorge Riechmann.
“ 4: Jorge Luis Borges.
“ 6: Javier Egea.
“ 12 y 28: Ana Ajmátova
“ 17: Vicent Andrés Estellés.
“ 19: Aleksandr Pushkin.
“ 20: Henry David Thoreau
“ 23: Richard Siken.
“ 30: Joseph Brodsky.
“ 36: Sylvia Plath.